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Ingeniería genética para identificar poblaciones humanas extintas

Cuando el esqueleto del hombre Kennewick fue descubierto en 1996 en el estado de Washington, el análisis craneal inicial sugirió que era un euroamericano de época histórica. La datación posterior por radiocarbono estimó que los huesos tenían entre 8.000 y 9.000 años de antigüedad, lo que lo hace de origen precolombino (el período anterior a los viajes de Cristóbal Colón a las Américas). Esto provocó mucha controversia sobre la disposición de los restos óseos. Las tribus nativas americanas, que habitaban la región donde se encontró al hombre de Kennewick, creían que el hombre de Kennewick era un probable antepasado y solicitaron la posesión de sus restos para poder realizar un nuevo entierro.

Sin embargo, los científicos, a través de aplicaciones de la ingeniería genética, todavía especulaban sobre la ascendencia y las afiliaciones del Hombre Kennewick, por lo que se encargó un estudio más detallado. El estudio fue publicado en 2014 e incluyó análisis isotópicos, anatómicos y morfométricos. Concluyó que el hombre de Kennewick se parecía a las poblaciones circunspacíficas, particularmente a los ainus japoneses y a los polinesios. También afirmaba que tenía ciertos rasgos “morfológicos similares a los europeos”, lo que reforzaba la afirmación de que era anatómicamente distinto de los nativos americanos modernos.